La esperanza...

La esperanza no es fingir que no existen los problemas.
Es la confianza de saber que estos no son eternos, que las heridas curarán y las dificultades se superarán.
Es tener fe es una fuente de fortaleza y renovación en nuestro interior,
que nos guiará desde la oscuridad hacia la luz.

cuando el amor de tu vida no te quiere,
cuando la llamada que esperas nunca llega,
cuando no consigues el trabajo que deseas,
cuando no recibes la invitación que esperabas...
el mensaje no es que no te lo mereces...
el mensaje no es que no eres importante...
el mensaje es que tu mereces algo mejor.

Cada vez que sientas decepción por no recibir lo que deseas o esperas,
no lo veas como rechazo o mala suerte... simplemente piensa que es una tremenda oportunidad a algo mucho mejor de lo que esperabas.

La vida está hecha de millones de momentos, vividos de mil maneras diferentes.
Algunos, buscamos amor, paz y armonía, otros sobrevivimos día a día.

Pero no hay momentos más plenos que aquel en el cual descubrimos
que la vida, con sus alegrías y sus penas, debe ser vivida día a día.

Este es el conocimiento que nos otorga la verdad más maravillosa. Aunque vivamos en una mansión de cuarenta cuarto, rodeados de riqueza, o luchemos de mes en mes para pagar el alquiler, tenemos el poder de estar totalmente satisfecho y vivir una vida con verdadero significado.

Dia a dia tenemos ese poder, gozando cada momento y regocijándonos con cada sueño. por que cada día es nuevo flamante, y podemos empezar de nuevo y realizar todos nuestros sueños Cada día es nuevo, y si lo vivimos plenamente, podremos realmente gozar de la vida y vivirla a plenitud...

Próximo retiro... ESCOGE abrir tu corazón



Dios es Amor... ¿Cómo definimos nosotros el amor?

El diccionario define al amor como “un intenso afecto por otra persona, basado en lazos familiares o personales”. Habitualmente, este “intenso afecto” tiene raíz en una atracción sexual por otra persona.

Nosotros amamos a otra gente o decimos amar a otras personas, cuando somos atraídos a ellos o cuando nos hacen sentir bien. Fíjate que la frase clave en la definición de amor del diccionario, es la frase “basado en”.

Esta frase implica que nosotros amamos de manera condicional; en otras palabras, nosotros amamos a alguien porque ellos cumplen una condición que nosotros requerimos antes de que podamos amarles. ¿Cuántas veces has escuchado o has dicho: “Te amo porque eres linda”, o “Te amo porque me cuidas”, o “Te amo porque es divertido estar contigo”?

Nuestro amor no solo es condicional, también es “mercurial”. Nuestro amor se basa en sentimientos y emociones que pueden cambiar de un momento a otro. La tasa de divorcios es extremadamente alta en la sociedad actual, porque los esposos y esposas supuestamente dejan de amarse unos a otros o se “desenamoran”. Podrían estar atravesando un bache en su matrimonio y ya no “sienten” amor por sus cónyuges, así que se dan por vencidos. Evidentemente, su voto matrimonial de “hasta que la muerte nos separe”, significa que pueden separarse cuando el amor por su cónyuge muera, en lugar de cuando mueran físicamente.

¿Puede alguien realmente comprender el amor “incondicional”? Parece que el amor que los padres tienen por sus hijos es lo más cercano que podemos ver de un amor incondicional, sin la ayuda del amor de Dios en nuestras vidas. Nosotros continuamos amando a nuestros hijos a través de los buenos y malos tiempos, y no dejamos de amarlos, aunque no cumplan las expectativas que tenemos de ellos. Tomamos la decisión de amar a nuestros hijos, aunque los consideremos no merecedores de ese amor; nuestro amor no se detiene cuando nosotros no “sentimos” amor por ellos. Este amor es similar al amor de Dios por nosotros. Pero como lo veremos, el amor de Dios trasciende la definición humana de amor a un punto que nos es difícil entender.

Dios es Amor: ¿Cómo define Dios el Amor?

La Biblia nos dice que “Dios es Amor” (1 Juan 4:8). ¿Pero cómo podemos siquiera comenzar a comprender esa verdad? Hay muchos pasajes en la Biblia que nos dan la definición de Dios del amor. El versículo mejor conocido es Juan 3:16: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”. Así pues, una manera en la que Dios define el amor es en el acto de entrega. Sin embargo, lo que Dios dio (o deberíamos decir, a “quien” Dios dio), no era simplemente un obsequio envuelto; Dios sacrificó a su hijo único para que nosotros, los que ponemos nuestra fe en su hijo, no pasemos la eternidad separados de él. Este es un amor asombroso, porque nosotros somos quienes escogemos estar separados de Dios por nuestro propio pecado, y aun así, es Dios quien enmienda esta separación por medio de su intenso sacrificio personal, y todo lo que tenemos que hacer es aceptar su obsequio.

Otro gran versículo sobre el amor de Dios se encuentra en Romanos 5:8: “Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros”. En este versículo y en Juan 3:16, no encontramos condición alguna de la cual dependa el amor de Dios por nosotros. Dios no dice: “Tan pronto como limpies tus acciones, te amaré”; ni tampoco dice: “Sacrificaré a mi hijo si prometes amarme”. De hecho, en Romanos 5:8, encontramos exactamente lo opuesto. Dios quiere que nosotros sepamos que su amor es incondicional; por eso envió a su hijo, Jesucristo, a morir por nosotros, mientras nosotros éramos aún pecadores. No tuvimos que limpiarnos, no tuvimos que hacer ninguna promesa a Dios antes de poder experimentar su amor. Su amor por nosotros siempre ha existido y por ello, él entregó todo y sacrificó todo mucho antes de que estuviéramos conscientes de que necesitábamos su amor.

Dios es Amor: Es Incondicional

Dios es Amor, y su amor es muy diferente al amor humano. El amor de Dios es incondicional y no se basa en sentimientos o emociones. No nos ama porque nosotros seamos fáciles de amar o porque le hagamos sentir bien; él nos ama porque él es amor. Él nos creó para tener una relación amorosa con él y sacrificó a su propio hijo (quien también estaba dispuesto a morir por nosotros) para restaurar esa relación.

LOS CATOLICOS SOLUCIONAMOS LOS CONFLICTOS AL ESTILO DE JESUS

Obispo dejó sin efecto pasos dados en caso La Purísima

Dejar sin efecto los pasos que se han dado, como un signo para recobrar las confianzas de las partes involucradas y abrirse a un proceso que conduzca a la búsqueda de soluciones tendientes al bien común, ha sido la decisión adoptada por el Obispo de Chillán, monseñor Carlos Pellegrin Barrera, respecto al caso de la congregación y el colegio de La Purísima Concepción.

La decisión se entregó en un encuentro sostenido con los medios de comunicación, este sábado 13 de junio, en dependencias de la Curia Diocesana, donde también estuvo presente Mons. Juan Luis Ysern, obispo emérito de Ancud y presidente de Cáritas Chile, quien durante estos días obró como facilitador del diálogo, por petición del Obispo de Chillán.

El pastor diocesano manifestó que la decisión surgió como fruto de la comunión eclesial y la disposición al diálogo que siempre ha existido al interior de nuestra Iglesia Diocesana. “La idea es retomar lo que siempre hemos querido, mantener una comunicación abierta, conversar con todos, y con un sólo fin, ayudar a las hermanas de la Purísima, fortalecer el colegio para que mantenga su identidad propia y su proyecto educativo”, expresó Mons. Pellegrin.

Una prueba clara de este espíritu de comunión eclesial fue la presencia de Mons. Juan Luis Ysern, quien desde el pasado miércoles se concentró en escuchar a los representantes de todos las partes involucradas y presentar su informe al pastor diocesano, quien provisto de todos los antecedentes comunicó su decisión. “Le quiero agradecer de corazón a don Juan Luis, y manifestar que ese deseo de diálogo que queríamos desde un comienzo tiene que entrar en un nueva etapa, donde tenemos que buscar juntos nuevos caminos, tal vez con una comisión que se pueda preocupar de estos temas, para que pueda haber más información, y de esta forma damos un ejemplo como católicos, que si bien tenemos conflictos, los solucionamos al estilo de Jesús”, indicó Mons. Pellegrin.

En la oportunidad, Mons. Juan Luis Ysern agradeció la confianza que en él depositó el Obispo de Chillán y la buena voluntad para buscar caminos de acercamiento entre las partes. Asimismo, agradeció a los medios de comunicación por respetar su derecho a mantener silencio durante los días que duró su rol como facilitador del diálogo, invitándoles también a contribuir con una cobertura mediática que aporte a la convivencia armónica de la comunidad.

Con respecto al debate público que se ha generado entorno al caso, Mons. Pellegrin indicó que más allá de los conflictos, se ha generado una conciencia, que antes no existía, sobre el presente y futuro de la congregación y el colegio. Lo importante, agrega, es que existe un interés compartido por todos los sectores respecto a la necesidad de caminar hacia el bienestar de la comunidad en su conjunto.

Por su parte, Mons. Juan Luis Ysern subrayó que pudo constatar personalmente de todos los sectores una disposición al diálogo y buenas intensiones. “Yo puedo dar testimonio de eso, y si bien es normal que dentro de la convivencia humana existan situaciones de conflictos, cuando hay sentido de familia, siempre prevalece la buena voluntad de las personas”.

Por último, ambos pastores llamaron a la comunidad diocesana a unirse en la oración para que el Espíritu Santo ilumine nuestros pasos en pro del bien común para la congregación, la comunidad educativa de La Purísima y toda nuestra Iglesia Diocesana.
 
fuente: Oficina de Comunicaciones Obispado de Chillán

PROXIMO RETIRO

Entre el 26 y el 28 de junio realizaremos un nuevo encuentro de fin de semana.

Vive junto a otros esta tremenda experiencia de encuentros y reencuentro.

Disfrúta de gratos y bellos momentos de reflexión. 

Informaciones e inscripciones  en: escogechillan@gmail.com o la Pastoral juvenil (avenida O'higgins nº 961), si prefieres llámanos al 211167.

El retiro se realizará en el Colegio Martín Rücker.


¡Te esperámos!!

DIA DEL CATEQUISTA

 
EL LUGAR SERÁ EL COLEGIO TECNICO PADRE HURTADO, 5 de abril esquina Libertad.

Recuerden informarle a los Catequistas de su comunidad.

¡Les esperámos!!

DIA DE LAS MADRES

Las primeras celebraciones del Día de la Madre, se remontan a la antigua Grecia, donde se le rendían honores a Rea, la madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades.
Igualmente los romanos llamaron a esta celebración La Hilaria cuando la adquirieron de los griegos y se celebraba el 15 de marzo en el templo de Cibeles y durante tres días se hacían ofrecimientos.
Los primeros cristianos transformaron estas celebraciones en honor a la Virgen María, la madre de Jesús.
En el santoral católico el 8 de diciembre se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción, fecha que se mantiene en la celebración del Día de la Madre en algunos países como Panamá.
En Inglaterra hacia el siglo XVII, tenía lugar un acontecimiento similar, también a la Virgen, que se denominaba Domingo de las Madres. Los niños concurrían a misa y regresaban a sus hogares con regalos para sus progenitoras.
En Estados Unidos, en cambio, la celebración tiene sus orígenes hacia 1872, cuando Julia Ward Howe, autora del Himno de batalla de la República, sugirió que esa fecha fuera dedicada a honrar la paz, y comenzó celebrando cada año encuentros en la ciudad de Boston, Massachusetts en celebración del Día de la Madre.
Ana Jarvis en 1905, comenzó a enviar cartas a políticos, abogados y otras personas influyentes solicitando que se consagrara el Día de la Madre el segundo domingo de mayo y para 1910 ya se celebraba en muchos estados de la Unión, así en 1912 logró que se creara la Asociación Internacional Día de la Madre con el objetivo de promover su iniciativa.
Finalmente, en 1914, el Congreso de Estados Unidos aprobó la fecha como el Día de la Madre y la declaró fiesta nacional, lo cual fue apoyado por el Presidente Woodrow Wilson.
Más tarde otros países se adhirieron a esta iniciativa y pronto Ana pudo ver que más de 40 países del mundo celebraban el Día de la madre en fechas similares.
Sin embargo, la festividad impulsada por Ana Jarvis comenzó a mercantilizarse, de manera tal que se desvirtuaba el origen de la celebración. Esto motivó a que Ana presentara una demanda, en 1923, para que se eliminara la fecha del calendario de festividades oficiales.
Su reclamo, de gran alcance, provocó que fuera arrestada por disturbios durante una reunión de madres de soldados en lucha, que vendían claveles blancos, el símbolo que Jarvis había impulsado para identificar la fecha.
Ana luchó con insistencia contra la idea que ella misma había impulsado, perdiendo todo el apoyo de aquellos que la acompañaran inicialmente.
En un reportaje que le hicieron antes de su muerte Ana mencionó su arrepentimiento por haber impulsado el Día de la Madre pues ella jamás se imaginó que este día fuera utilizado más bien mercantilmente y no con el fin que ella había idealizado.


Para todas las mamitas un regalo:


Madrecita linda, madrecita buena,
hoy en este día... con grata emoción;

Vengo aquí a decirte que te quiero mucho
y a darte una ofrenda con esta canción;

Le pedí a los cielos una blanca estrella,
a los verdes campos, les pedí una flor.

A la noche quieta un rayo de luna
al mar una perla y un trino al gorrión.

Cuando tuve todo lo junte con besos,
es lo que yo tengo y es lo que te doy.

Lo amarré con lazos de amor encendido 
y dentro, muy dentro... ¡va mi corazón!

¡FELIZ DÍA MAMÁ!!

¡CRISTO es nuestra esperanza!

Hay un texto de Bonhoeffer que siempre me ha impresionado muy especialmente. Dice el teólogo alemán: Para los hombres de hoy hay una gran preocupación: saber morir, morir bien, morir serenamente. Pero saber morir no significa vencer a la muerte. Saber morir es algo que pertenece al campo de las posibilidades humanas, mientras que la victoria sobre la muerte tiene un nombre: resurrección. Sí, no será el arte de hacer el amor, sino la resurrección de Cristo, lo que dará un nuevo viento que purifique el mundo actual. Aquí es donde se halla la respuesta al "dame un punto de apoyo y levantaré el mundo".

Efectivamente, los hombres de todos los tiempos andan buscando cuál es el punto de apoyo para construir sus vidas, para levantar el mundo. Si hoy yo salgo a la calle y pregunto a la gente: ¿Cuál es el eje de vuestras vidas? ¿En qué se apoyan vuestras esperanzas? ¿Dónde está la clave de vuestras razones para vivir? Muchos me contestarán: “Mi vida se apoya en mis deseos de triunfar, quiero ser esto o aquello, quiero realizarme, quiero poder un día estar orgulloso de mí mismo”. O tal vez otros me dirán: “Yo no creo mucho en el futuro. Creo en pasármelo lo mejor posible, en disfrutar de mi cuerpo o de mi dinero, o de mi cultura”. O tal vez me dirán: “Esos son problemas de intelectuales. Yo me limito a vivir, a soportar la vida, a pasarla lo mejor posible”.

Pero en el fondo todos nos hemos hecho alguna vez esta pregunta: ¿Cuál es la razón de mi vida? ¿Qué es lo que justifica mi existencia?

Para los cristianos la respuesta es una sola: “Lo que ha cambiado nuestras vidas es la seguridad de que son eternas”. Y el punto de apoyo de esa seguridad es la resurrección de Jesús. Si Él venció a la muerte, también a mí me ayudará a vencerla. ¡Ah!,…si creyéramos verdaderamente en esto. ¡Cuántas cosas cambiarían en el mundo, si todos los cristianos se atrevieran a vivir a partir de la resurrección, si vivieran sabiéndose resucitados! tendríamos entonces un mundo sin amarguras, sin derrotistas, con gente que viviría iluminada constantemente por la esperanza. Cómo trabajarían sabiendo que su trabajo colabora a la resurrección del mundo. Cómo amarían sabiendo que amar es una forma inicial de resucitar. Qué bien nos sentiríamos en el mundo, si todos supieran que el dolor es vencible y vivieran en consecuencia en la alegría.

Sí, la resurrección de Cristo y la fe de todos en la resurrección es lo que podría cambiar y vivificar el mundo contemporáneo. Y es formidable pensar y saber que cada uno de nosotros, con su esperanza, puede añadirle al mundo un trocito más de esperanza, un trocito más de resurrección.

Testigos de la resurrección, mensajeros del gozo

Muchas veces he pensado yo que la gran pregunta que Cristo va a hacernos el día del juicio final es una que nadie se espera. “Cristianos… -nos dirá-: ¿Qué habéis hecho de vuestro gozo? Porque Jesús nos dejó su paz y su gozo como la mejor de las herencias: “Os doy mi gozo. Quiero que tengáis en vosotros mi propio gozo y que vuestro gozo sea completo”, dice en el Evangelio de San Juan. “No temáis. Yo volveré a vosotros y vuestra tristeza se convertirá en gozo”, dijo poco antes de su pasión. Y también: “Si me amáis, tendréis que alegraros”. “Volveré a vosotros y vuestro corazón se regocijará y el gozo que entonces experimentéis nadie os lo podrá arrebatar”. “Pedid y recibiréis y vuestro gozo será completo”.

¿Y qué hemos hecho nosotros de ese gozo del que Jesús nos hizo depositarios? Es curioso: la mayor parte de los cristianos ni siquiera se ha enterado de él. Son muchos los creyentes que parecen más dispuestos a acompañar a Jesús en sus dolores que en sus alegrías, en su pasión que en su resurrección. Pensemos por ejemplo: durante las semanas de Cuaresma se celebran actos religiosos especiales, con penitencias, con oraciones. Pero, tras la resurrección, la Iglesia ha colocado una segunda cuaresma, los días que van desde la resurrección hasta la ascensión. ¿Y quién los celebra? ¿Quién al menos los recuerda?

Impresiona pensar que en el Calvario tuvo Cristo al menos unos cuantos discípulos y mujeres que le acompañaban. Pero no había nadie cuando resucitó. Da la impresión de que la vida de Cristo hubiera concluido con la muerte, que no creyéramos en serio en la resurrección. Muchos cristianos parecen pensar que tras la cuaresma y la semana santa los cristianos ya nos hemos ganado unas buenas vacaciones espirituales. Y si nos dicen: “Cristo ha resucitado”; pensamos: qué bien. Ya descansa en los cielos. Lo hemos jubilado con una pensión por los servicios prestados. Ya no tenemos nada que hacer con Él. Necesitó que le acompañásemos en sus dolores. …¿Para qué vamos a acompañarle en sus alegrías?

Y, sin embargo, lo esencial de los cristianos es ser testigos de la resurrección. ¿Lo somos? ¿O la gente nos ve como seres tristes y aburridos?,… ¿O piensa que los curas son espantapájaros pregoneros de la muerte, del pecado y del infierno únicamente? Tendríamos que recordar que los cristianos somos ante todo eso: TESTIGOS DE LA RESURRECCIÓN, mensajeros del gozo.


¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCION!!

Sábado Santo

"Jesús yace en su tumba y los apóstoles creen que todo se acabó. Todo el día sábado su cuerpo descansa en el sepulcro Pero su madre, María, se acuerda de lo que dijo su hijo : "Al tercer día resucitaré". Los Apóstoles van llegando a su lado, y Ella les consuela. "

"El Sábado santo es un día de luto inmenso, de silencio y de espera vigilante de la Resurrección. La Iglesia en particular recuerda el dolor, la valentía y la esperanza de la Virgen María. "

Sábado SantoElla representa la angustia de una Madre que tiene entre sus brazos a su Hijo muerto, pero no se puede olvidar en este momento ella es la única que conserva en su corazón las palabras del anciano Simeón, que si bien él profetizó que Cristo sería signo de contradicción y una espada le traspasaría el alma, también indicó que Jesús sería signo de resurrección.

Lo que los discípulos habían olvidado, María lo conservaba en el corazón: la profecía de la resurrección al tercer día. Y María esperó hasta el tercer día

Generalmente en las mañanas se realizan retiros de reflexión en torno a este tema, y la tarde resulta ser más bien de tranquilidad, oración y de espera al Jesús Resucitado

Ésta se divide en cuatro partes:
  • Breve Lucernario: Se bendice el fuego. Se prepara el cirio en el cual el sacerdote con un punzón traza una cruz. Luego marca en la parte superior la letra Alfa y en la inferior omega, entre los brazos de la cruz marca las cifras del año en curso. A continuación se anuncia el Pregón Pascual.
     
  • Liturgia de la Palabra: En ella la Iglesia confiada en la Palabra y la promesa del Señor, recuerda las maravillas que desde los comienzos realizó Dios con su pueblo.
     
  • Liturgia Bautismal: Se hace la renovación de los compromisos bautismales y en muchas ocasiones se realiza el bautismo de un feligrés.
     
  • Liturgia de la Eucaristía: Se celebra la Santa Misa, aunque se realice antes de la media noche, es la Misa Pascual del Domingo de Resurrección. El sacerdote y los ministros se revisten de blanco y con alegría se anuncia la Resurrección del Hijo de Dios.

Jueves Santo

Día en que la Iglesia conmemora la Última Cena de Jesús con sus discípulos. En ella, Cristo instituyó el sacramento de la Eucaristía, donde Él se hace presente a través de la conversión del pan y del vino en su Cuerpo y su Sangre, y el sacramento del Orden Sacerdotal.

Este día por la mañana en todas las catedrales, los obispos que son, como dice el Concilio, "los principales administradores de los misterios de Dios, que regulan, promueven y custodian toda la vida litúrgica de la Iglesia que les ha sido confiada", celebran una misa muy solemne con todos los sacerdotes ("el presbiterio" de sus diócesis) y en ella los sacerdotes con un solo corazón y una sola alma renuevan sus promesas y su obediencia al Obispo.

En ella, además, se consagran los óleos, es decir, los aceites que se emplean en diversos sacramentos: el bautismo, la confirmación, la ordenación sacerdotal y la unción de los enfermos.

La consagración de los óleos se celebra precisamente este día para indicar que todos los sacramentos nos relacionan con el Misterio Pascual de Jesús y que todos los sacramentos tienen su culmen y su Centro en la Eucaristía.

Son muchos los gestos que se evocan en el Jueves Santo. Uno de ellos es el signo de humildad y sencillez que realizó Jesús al lavarle los pies a todos sus discípulos, diciéndoles que ellos se los deben lavar unos a otros, "en verdad les digo que el siervo no es más que su señor, ni el enviado más que quien lo envió" (San Juan 13, 16), y el sacerdote en la liturgia lava los pies a doce feligreses.

Luego de celebrar la Eucaristía se expone el Santísimo (Ostia Consagrada) y se realizan vigilias de oración en signo de la oración de Jesús en el Monte de los Olivos, la noche antes de ser entregado a los sacerdotes.

La Biblia cuenta que terminada la cena de Pascua, el Mesías y sus apóstoles se dirigieron al Monte de los Olivos a orar. Él se distanció un poco, rezaba y sudaba cada vez más fuerte, comenzó a sentirse angustiado porque sabía lo que venía, y un ángel del cielo lo reconfortó.

Cuando fue a buscar a sus amigos se dio cuenta de que estos se habían quedado dormidos, Él les dijo, "ha llegado la hora en que el Hijo de Dios debe ser entregado. Levántense, ya se acerca el que me va entregar".

Semana Santa


La Semana Santa es la conmemoración anual en que el calendario cristiano conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. Por ello, es un período de intensa actividad litúrgica dentro de las diversas confesiones cristianas. Da comienzo el Domingo de Ramos y finaliza el Sábado Santo, aunque su celebración suele iniciarse en varios lugares el viernes anterior (Viernes de Dolores) y se considera parte de la misma el Domingo de Resurrección.

Va precedida por la Cuaresma, que culmina en la Semana de Pasión y da paso a un nuevo período litúrgico, la Pascua.

La Semana Santa cuenta con celebraciones propias que recuerdan la institución de la eucaristía en el Jueves Santo, la Crucifixión de Jesús y su Muerte el Viernes Santo y su Resurrección en la Vigilia Pascual en la noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección.

Durante la Semana Santa tienen lugar numerosas muestras de religiosidad popular a lo largo de todo el mundo, destacando las procesiones y las representaciones de la Pasión.

Triduo Pascual

Los días más importantes de la Semana Santa son los formados por el llamado Triduo Pascual: Jueves Santo, Viernes Santo, en el que se conmemora la muerte de Cristo y Sábado Santo, en el que se conmemora a Cristo en el sepulcro. También es importante la vísperas del Viernes, el Jueves Santo, día en el que la Iglesia católica conmemora la institución de la Eucaristía, en los oficios de ese día se reserva el Santísimo Sacramento en un lugar que se prepara en la iglesia, llamado monumento, hasta el oficio del día siguiente, permitiendo a los Fieles la Adoración personal o comunitaria al Santísimo Sacramento durante un breve momento o toda la noche, según las posibilidades de cada lugar.

La Fecha de la Semana Santa
La semana santa, se inicia el domingo de Ramos, y finaliza el Domingo de Resurrección o Pascua de Resurrección. La fecha de la semana Santa, es variable, y depende de la fecha en que se celebre la Pascua Judía.

Historia

A principios del siglo IV había en la cristiandad una gran confusión sobre cuándo había de celebrarse la Pascua cristiana o de Pascua de Resurrección, con motivo del aniversario de la resurrección de Jesús de Nazaret. Habían surgido en aquel momento numerotus muertosas tendencias o grupos de practicantes que utilizaban cálculos propios. Ya en el Concilio de Arlés (en el año 314), se obligó a toda la Cristiandad a celebrar la Pascua el mismo día, y que esta fecha habría de ser fijada por el Papa, que enviaría epístolas a todas las iglesias del orbe con las instrucciones necesarias. Sin embargo, no todas las congregaciones siguieron estos preceptos. Es en el Concilio de Nicea (en el año 325) donde se llega finalmente a una solución para este asunto.

En él se estableció que la Pascua de Resurrección había de ser celebrada cumpliendo unas determinadas normas:
  • Que la Pascua se celebrase en domingo.
  • Que no coincidiese nunca con la Pascua judía, que se celebraba independientemente del día de la semana. (De esta manera se evitarían paralelismos o confusiones entre ambas religiones).
  • Que los cristianos no celebrasen nunca la Pascua dos veces en el mismo año. Esto tiene su explicación porque el año nuevo empezaba en el equinoccio primaveral, por lo que se prohibía la celebración de la Pascua antes del equinoccio real (antes de la entrada del Sol en Aries).

No obstante, siguió habiendo diferencias entre la Iglesia de Roma y la Iglesia de Alejandría, si bien el Concilio de Nicea dio la razón a los alejandrinos, estableciéndose la costumbre de que la fecha de la Pascua se calculaba en Alejandría, que lo comunicaba a Roma, la cual difundía el cálculo al resto de la cristiandad.

Finalmente fue Dionisio el Exiguo (en el año 525) quien desde Roma convenció de las bondades del cálculo alejandrino, unificándose al fin el cálculo de la pascua cristiana.

La Pascua de Resurrección es el domingo inmediatamente posterior a la primera Luna llena tras el equinoccio de primavera, y se debe calcular empleando la Luna llena eclesiástica; sin embargo, ésta casi siempre coincide con la Luna llena astronómica, de modo que para efectos de cálculo es generalmente válido emplear la más tradicional definición astronómica. Por ello puede ser tan temprano como el 22 de marzo, o tan tarde como el 25 de abril.

fuente: Wikipedia

Domingo de Ramos

En la Semana Santa se celebran los misterios de salvación realizados por Cristo en los últimos días desde su entrada mesiánica en la ciudad de Jerusalén.

La semana santa comienza con el domingo de Ramos de la Pasión Señor, que une el triunfo de Cristo -aclamador como Mesías por los habitantes de Jerusalén y hoy en el rito de la procesión de las palmas por los cristianos- y el anuncio de la pasión con la proclamación de la narración evangélica en la Misa.

Los ramos no son algo así como un talismán, ni un simple objeto bendito, sino el signo de la participación gozosa en el rito procesional, expresión de la fe de la Iglesia en Cristo, Mesías y Señor, que va hacia la muerte para la salvación de todos los hombres. Por eso, este domingo tiene un doble carácter, de gloria y de sufrimiento, que es lo propio del Misterio Pascual.

Los días que van hasta el Jueves Santo pertenecen al tiempo cuaresmal, pero están caracterizados por los últimos acontecimientos de la vida del Señor, con exclusión de otras celebraciones.

En la mañana del Jueves Santo (o en otro día cercano), el obispo celebra, junto con su presbiterio, la Misa Crismal o de los Santos Oleos, en la que se bendicen los óleos que se usarán para la celebración de los sacramentos.

EL NACIMIENTO DE CRISTO...

...Es el acontecimiento central de la historia de la humanidad.


1. «Os anuncio una gran alegría: hoy os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor» (Lc 2, 10-11)

¡Hoy! Este «hoy» que resuena en la liturgia no se refiere sólo al acontecimiento que tuvo lugar hace ya casi dos mil años y que cambió la historia del mundo. Tiene que ver también con esta Noche santa, en la que nos hemos congregado aquí, en la basílica de San Pedro, unidos espiritualmente a cuantos, en todos los rincones de la tierra, celebran la solemnidad de la Navidad. Incluso en los lugares más apartados de los cinco continentes resuenan, en esta noche, las palabras de los ángeles que escucharon los pastores de Belén: «Os anuncio una gran alegría (...): hoy os ha nacido (...) un Salvador, el Mesías, el Señor» (Lc 2, 10-11)

Jesús nació en un establo, como cuenta el evangelio de san Lucas, «porque no había sitio para ellos en la posada» (Lc 2, 7). María, su Madre, y José no encontraron alojamiento en ninguna casa de Belén. María depositó al Salvador del mundo en un pesebre, única cuna disponible para el Hijo de Dios hecho hombre. Esta es la realidad de la Navidad del Señor. La recordamos cada año: de ese modo la descubrimos de nuevo, la vivimos cada vez con el mismo asombro.

2. ¡El nacimiento del Mesías! Es el acontecimiento central de la historia de la humanidad. Lo esperaba con oscuro presentimiento todo el género humano; lo esperaba con conciencia explícita el pueblo elegido.

Testigo privilegiado de esa espera, durante el tiempo litúrgico del Adviento y también en esta solemne vigilia es el profeta Isaías, que, desde la lejanía de los siglos, fija la mirada inspirada en esta única, futura, noche de Belén. El que vivió muchos siglos antes, habla de este acontecimiento y de su misterio como si fuese testigo ocular: «Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado»; «Puer natus est nobis, Filius datus est nobis» (Is 9, 5)

Este es el acontecimiento histórico cargado de misterio: nace un tierno niño, plenamente humano, pero que es al mismo tiempo el Hijo unigénito del Padre. Es el Hijo no creado, sino engendrado eternamente. Hijo de la misma naturaleza que el Padre, «Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero». Es la Palabra, «por medio de la cual fueron creadas todas las cosas».

Proclamaremos estas verdades dentro de poco en el Credo y añadiremos: «Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y, por obra del Espíritu Santo, se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre». Profesando con toda la Iglesia nuestra fe, también en esta noche reconoceremos la gracia sorprendente que nos concede la misericordia del Señor.

Israel, el pueblo de Dios de la antigua Alianza, fue elegido para traer al mundo, como «renuevo de la estirpe de David», al Mesías, al Salvador y Redentor de toda la humanidad. Junto con un miembro insigne de ese pueblo, el profeta Isaías, dirijámonos, pues, hacia Belén con la mirada de la espera mesiánica. A la luz divina podemos entrever cómo se está cumpliendo la antigua Alianza y cómo, con el nacimiento de Cristo, se revela una Alianza nueva y eterna.

3. De esta Alianza nueva habla san Pablo en el pasaje de la carta a Tito que acabamos de escuchar: «Ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres» (Tt 2, 11). Precisamente esta gracia permite a la humanidad vivir «aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro: Jesucristo», que «se entregó por nosotros para rescatarnos de toda impiedad, y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras» (Tt 2, 14)

A nosotros, queridísimos hermanos y hermanas, se dirige hoy este mensaje de gracia. Por tanto, escuchad. A todos los «que Dios ama», a los que acogen la invitación a orar y velar en esta santa Noche de Navidad, repito con alegría: Se ha manifestado el amor que Dios nos tiene. Su amor es gracia y fidelidad, misericordia y verdad. Es él quien, librándonos de las tinieblas del pecado y de la muerte, se ha convertido en firme e indestructible fundamento de la esperanza de cada ser humano.

El canto litúrgico lo repite con alegre insistencia: ¡Venid, adoremos! Venid de todas las partes del mundo a contemplar lo que ha sucedido en el portal de Belén. Nos ha nacido el Redentor y esto constituye hoy, para nosotros y para todos, un don de salvación.

4. ¡Qué insondable es la profundidad del misterio de la Encarnación! Muy rica es por ello la liturgia de la Navidad del Señor: en las misas de medianoche de la aurora y del día los diversos textos litúrgicos iluminan sucesivamente este gran acontecimiento que el Señor quiere dar a conocer a los que lo esperan y lo buscan (cf. Lc 2, 15)

En el misterio de la Navidad se manifiesta en plenitud la verdad de su designio de salvación sobre el hombre y sobre el mundo. No sólo el hombre es salvado, sino toda la creación, a la que se invita a cantar al Señor un cántico nuevo y a alegrarse con todas las naciones de la tierra (cf. Sal 96).

Precisamente este cántico de alabanza ha resonado con solemne grandeza sobre el pobre establo de Belén. Leemos en san Lucas que las milicias celestiales alababan a Dios diciendo: «Gloria Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que ama el Señor» (Lc 2, 14)

En Dios está la plenitud de la gloria. En esta noche la gloria de Dios se convierte en patrimonio de toda la creación y, de un modo particular, del hombre. Sí, el Hijo eterno, Aquel que es la eterna complacencia del Padre se ha hecho hombre, y su nacimiento terreno, en la noche de Belén, testimonia de una vez para siempre que en él cada hombre está comprendido en el misterio de la predilección divina, que es la fuente de la paz definitiva.


«Paz a los hombres que ama el Señor». Sí, paz para toda la humanidad. Esta es mi felicitación navideña. Queridos hermanos y hermanas, durante esta noche y a lo largo de toda la octava de Navidad imploremos del Señor esta gracia tan necesaria. Pidamos para que toda la humanidad sepa reconocer en el Hijo de María, nacido en Belén, al Redentor del mundo, que trae como don el amor y la paz.

Homilía de S.S. Juan Pablo II en la Misa de nochebuena
24 de diciembre de 1997

INMACULADA CONCEPCION

El dogma de la Inmaculada Concepción es un artículo de fe del Catolicismo que sostiene la creencia en que María, madre de Jesús, a diferencia de todos los demás seres humanos, no fue alcanzada por el pecado original sino que, desde el primer instante de la creación de su alma, estuvo libre de todo pecado. No debe confundirse esta doctrina con la de la maternidad virginal de María, que sostiene que Jesús fue concebido sin intervención de varón y que María permaneció virgen antes, durante y después del parto.

Explicacion

Al desarrollar la doctrina de la Inmaculada Concepción, la Iglesia Católica contempla la posición especial de María por ser madre de Jesús y sostiene que Dios preservó a María libre de todo pecado y, aún más, libre de toda mancha o efecto del pecado original, que había de transmitirse a todos los hombres y mujeres por ser descendientes de Adán y Eva, en atención a que iba a ser la madre de Jesús, que es también Dios.

La doctrina reafirma con la expresión "llena eres de gracia" (Gratia Plena) contenida en el Saludo del Ángel (Lc. 1,28) y en la oración del Ave María este aspecto de ser libre de pecado por la gracia de Dios.

San Efrén, por ejemplo, dice:

"Tú y tu Madre sois los únicos que en todo aspecto sois perfectamente hermosos; pues en Ti Señor , no hay mancilla, ni mácula en tu Madre".

Otros padres que dan similares alabanzas a María, son, San Justino, San Ireneo, San Efrén, San Ambrosio y San Agustín.

La idea de María como antítesis a Eva. Idea común y muy desarrollada por los Padres de la Iglesia: María como causa de la salud (al ser madre del Redentor) y Eva como causa de la perdición del género humano.

La doctrina fue definitivamente definida como dogma de fe y por tanto revestida de los caracteres de infalibilidad e inmutabilidad el día 8 de diciembre de 1854, en la bula Ineffabilis Deus del papa Pío IX. Desde entonces el día 8 de diciembre ha quedado como fecha de la fiesta de la Inmaculada Concepción en toda la iglesia católica.

Definición dogmática

La definición contenida en la bula Ineffabilis Deus, de 8 de diciembre de 1854, es del tenor literal siguiente:

Para honra de la Santísima Trinidad, para la alegría de la Iglesia católica, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra: Definimos, afirmamos y pronunciamos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano, ha sido revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles. Por lo cual, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios no permita, de dudar en su corazón lo que por Nos ha sido definido, sepa y entienda que su propio juicio lo condena, que su fe ha naufragado y que ha caído de la unidad de la Iglesia y que si además osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho " Bula Ineffabilis Deus"

Como dato histórico el historiador y catedrático francés Louis Baunard narra lo siguiente: "Pío IX contemplando el mar agitado de Gaeta escuchó y meditó las palabras del Cardenal Luigi Lambruschini: 'Beatísimo Padre, Usted no podrá curar el mundo sino con la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. Sólo esta definición dogmática podrá restablecer el sentido de las verdades cristianas y retraer las inteligencias de las sendas del naturalismo en las que se pierden'".

Guglieta señala que Pío IX, pese a su entusiasmo, acogió la idea de realizar una consulta con el episcopado mundial, que expresó su parecer positivo, y llevó finalmente a la proclamación del dogma.

Protestantismo

La doctrina de la inmaculada concepción no es aceptada por los miembros de las iglesias protestantes.

Los protestantes rechazan la doctrina ya que no consideran que el desarrollo dogmático de la teología sea un referente de autoridad y que la Mariología en general, incluida la doctrina de la Inmaculada Concepción, no se enseña explícitamente en la Biblia.

Los protestantes argumentan que Dios tuvo que haber intervenido en la concepción de la madre de María, en su abuela, y así sucesivamente a lo largo del tiempo. La respuesta del catolicismo es que solo María tenía que mantenerse libre de pecado pues ella iba a concebir directamente a Cristo, mientras que sus ancestros no.

fuente: wikipedia

ADVIENTO

El Arcángel Gabriel anuncia a María que concebirá y dará luz al Hijo del Altísimo.

El adviento del latín: adventus Redemptoris, 'venida del Redentor', es el primer periodo del año litúrgico cristiano, que consiste en un tiempo de preparación para el nacimiento del Salvador. Su duración es de 21 a 28 días, dado que se celebran los cuatro domingos más próximos a la festividad de Navidad.

Marca el inicio del año litúrgico en casi todas las confesiones cristianas. Durante este periodo los feligreses se preparan para celebrar la conmemoración del nacimiento de Jesucristo y para renovar la esperanza en la segunda Venida de Cristo Jesús, al final de los tiempos Parusía.

Durante el adviento, se prepara en cada hogar (no sólo en la Iglesia) una corona de ramas de pino, llamada Corona de adviento con cuatro velas, una por cada domingo de adviento. Hay una pequeña tradición de Adviento: a cada una de esas cuatro velas se le asigna una virtud que hay que mejorar en esa semana, por ejemplo: la primera, el amor; la segunda, la paz; la tercera, la tolerancia y la cuarta, la fe.

Los domingos de adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.


La Corona de Adviento uno de los símbolos de este tiempo litúrgico


La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos:

La forma circular:
El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.
Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

Las cuatro velas: Nos hace pensar en la oscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas de la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo. Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia. Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.

El listón rojo:
representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

fuente: wikipedia



 
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